Otoño sin héroes

Las hojas caen de las manos. Madres y tambores.

Las calles no son lo que eran, no serán lo que son.

Una mañana es testigo hasta las ocho de la tarde.

Hay paro Errekaldean.

Un ciclón mental con cola de hielo,

la temperatura de la justicia se sincera,

pero es la barbie contra el robocop.

Era una niña de trece años llamada kukutza.

Ahora es un vacío.

Dentro de poco urbanizarán la ría

y echarán a los peces.