Feb
9
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Archivado en Cream 01, El destripador
Que trata de la primera salida que de su tierrahizo el ingenioso
D. Quijote
Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efecto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacÃa en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer; y asÃ, sin dar parte a persona alguna de su intención, y sin que nadie le viese, una mañana, antes del dÃa (que era uno de los calurosos del mes de Julio), se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga, tomó su lanza, y por la puerta falsa de un corral, salió al campo con grandÃsimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad habÃa dado principio a su buen deseo…
“El más feo de los hombres”
– Y de nuevo corrieron los pies de Zaratustra por montañas y bosques, y sus ojos buscaron y buscaron, mas en ningún lugar pudieron ver a aquél a quien querÃan ver, al gran necesitado que gritaba pidiendo socorro. Durante todo el camino, sin embargo, se regocijaba en su corazón y estaba agradecido. «¡Qué buenas cosas, decÃa, me ha regalado este dÃa para compensarme de haber comenzado mal! ¡Qué extraños interlocutores he encontrado!
Quiero rumiar durante largo tiempo sus palabras, como si fueran buenos granos; ¡mis dientes deberán desmenuzarlas y molerlas hasta que fluyan a mi alma como leche!»
Mas cuando el camino volvió a girar en torno a una roca el paisaje se transformó de repente y Zaratustra penetró en un reino de muerte…
“Diálogo entre un sacerdote y un moribundo”
El Sacerdote: Llegado el instante fatal en que el velo de la ilusión sólo se desgarra para dejar al hombre reducido al cuadro cruel de sus errores y sus vicios, ¿no te arrepientes, hijo mÃo, de los múltiples desórdenes a los que te condujo la humana debilidad y fragilidad?
El Moribundo: SÃ, amigo mÃo, me arrepiento.
El Sacerdote: Pues bien, aprovecha estos remordimientos felices para obtener del cielo, en este corto intervalo, la absolución general de tus faltas, y piensa que es por la mediación del santÃsimo sacramento de la penitencia que te será posible obtenerla del Eterno.
El Moribundo: No nos comprendemos.
El Sacerdote: ¡Cómo!
El Moribundo: Te he dicho que me arrepentÃa.
El Sacerdote: Asà lo oÃ.
El Moribundo: SÃ, pero sin comprenderlo…











































